corazones

martes, 31 de mayo de 2016

CAPITULO II

EL VIAJE DE LIBERTAD CONTINÚA



A los 17 años cumplidos J se trasladó a una ciudad mas grande de la de dónde provenía; era un pueblito estilo Macondo como el libro de Gabriel García Márquez, inicialmente acompañado solo de sus ansias de gritar al mundo que era un chico común y corriente atrapado en un cuerpo que no le pertenecía, solo y con sus mochila a cuestas llena de muchas ilusiones se instaló en lo que pensó ser la liberación de la opresión de su familia y de algunas de las personas más cercanas al él; viviendo solo en un apartamento, empezó a estudiar lo que le apasionaba y a trabajar en sus tiempos libres, obvio las cuentas no se pagaban solas, para ese entonces su cambio en la manera de vestir era radical, en esa gran jungla de cemento podía ser él mismo, sin tapujos, sin cohibiciones de ninguna especie y como solía decir su primo entre bromas y risas  “SE SENTIRA MEJOR Y LIBERADA CON GENTE IGUAL DE RARAS QUE ELLA “.

En el fondo se sentía eso que no pudo ser por muchos años, El mismo. Ya hacia un breve tiempo decidió que no se llamaría más “Mara” y se llamaría como siempre soñó llamarse “JOSEPH”  o J como lo llamaremos, así lo conocería el mundo y la sociedad, así que “Mara” se quedaría enterrada en medio de los tules y encajes de la máquina de coser de su abuelita, y pasaría a usar camisas con cortes muy sobrios y pantalones muy clásicos como hasta ahora es su estilo.
Se encontró en esta gran ciudad con gente totalmente diferente a lo que veía en su pueblito macondiano, con gente que no lo miraba “raro” y que solo veía en él un potencial para salir adelante y superarse.

En su lugar de estudio Universitario se rodeó de gente que lo apoyaba, lo aceptaba tal y como era, sin etiquetas y sin normas que esta sociedad impone, ya sea por moda o más bien por gusto a joder. Llego a tener una popularidad dentro de su pequeño entorno y todo lo que descubría día a día le gustaba, salía a bailar, a comer, a divertirse como todo chico de su edad, le encantaban los museos y todo lo que tuviera que ver con las artes, cosas muy afines con lo que estudiaba. Su vida transcurría de manera aparentemente normal, ya que su trabajo temporal se había acabado y decidió abrir paso a otro trabajo que no le gustaba mucho pero que le tocaba porque como ya dije anteriormente las cuentas no se  pagaban solas. Un amigo de esos que en esa gran ciudad conoció le ofreció trabajo como mesero por las noches en un bar de poca monta; donde la prostitución, los borrachos, el alcohol y las drogas estaban a la orden del día. Él en su afán por pagar sus cuentas que ya estaban al tope no quedaba más que aceptar el trabajo de su amigo y dejar sus vestiduras de “niño de casa” si quería seguir con su independencia y su meta de ser reconocido como lo que era, UN HOMBRE CAPAZ DE ENFRENTARSE A LA VIDA SOLO POR SUS PROPIOS MEDIOS,  que había algo que permanecía dormido dentro de él pero que trataba de no pensar mucho en eso “una pareja que lo aceptara así tal cual como era él en realidad”.

Transcurrían sus días entre el campus Universitario  donde se llenaba de conocimientos para enfrentar el mundo que quería alcanzar y su vida en el bar rodeado de todo aquello que jamás pensó ver como un primer espectador de una película muy anunciada.
En uno de esos días fríos  y nublados de  esa gran ciudad conoció por unos amigos en común a una mujer llamada Karina; una mujer alta, delgada, con un cuerpo escultural, cabello lacio negro a su cintura, dentadura perfecta y una sonrisa encantadora, entre otras cosas le gustaba el arte, los museos, la buena comida al son de una buena música y un buen trago. Empezaron como toda relación de amistad, saliendo los fines de semana con un grupo cerrado de amigos. Una noche, solos en la intimidad del apartamento que J tenía en arriendo, en medio de copas y a oscuras sucedió lo que nunca pensaron ambos, los tragos hicieron su efecto y ambos se fundieron en un desenfrene total de lujuria, deseo y pasión desenfrenada; tuvieron sexo salvaje y del bueno. En la mañana siguiente los rayos de luz penetraban por una pequeña ventana que daba justo a la cama donde los dos estaban, como adormitados aun ella se levantó, recogió su vestido y sus cosas que yacían regadas por todo el apartamento como prueba del desenfrene de la noche anterior. Ninguno de los dos pudo sostenerse la mirada uno al otro, solo se dijeron en un tono unisonó “nos vemos después”. Transcurrieron los días siguientes a este encuentro y J siguió con su vida normal, solo que le rondaba en su cabeza el hecho que su amiga para ese momento y él habían roto los códigos de amistad que ambos decían tener.
Acordaron una cita donde ambos dijeron lo que pensaban de esa noche de lujuria y desenfrene y acordaron como él mismo expresa “borrar casette” ya que eran amigos y ella era casada como para ella llevar el peso de una relación con una persona FTM, no estaba dentro de sus planes. Ambos tenían claro que fue solo una noche y que jamás se volvería a repetir este capítulo. De hecho en la actualidad son amigos aunque jamás volvieron a tocar el tema de aquella noche.
Lo que vino después en su vida transformaría la idea que tenía acerca del amor y de que nunca encontraría su alma gemela.


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