EL VIAJE DE LIBERTAD CONTINÚA
A los 17 años cumplidos J se trasladó a una ciudad mas grande de la de dónde provenía; era
un pueblito estilo Macondo como el libro de Gabriel García Márquez, inicialmente
acompañado solo de sus ansias de gritar al mundo que era un chico común y
corriente atrapado en un cuerpo que no le pertenecía, solo y con sus mochila a
cuestas llena de muchas ilusiones se instaló en lo que pensó ser la liberación
de la opresión de su familia y de algunas de las personas más cercanas al él;
viviendo solo en un apartamento, empezó a estudiar lo que le apasionaba y a
trabajar en sus tiempos libres, obvio las cuentas no se pagaban solas, para ese
entonces su cambio en la manera de vestir era radical, en esa gran jungla de
cemento podía ser él mismo, sin tapujos, sin cohibiciones de ninguna especie y
como solía decir su primo entre bromas y risas
“SE SENTIRA MEJOR Y LIBERADA CON GENTE IGUAL DE RARAS QUE ELLA “.
En el fondo se sentía eso que no pudo ser por muchos años,
El mismo. Ya hacia un breve tiempo decidió que no se llamaría más “Mara” y se
llamaría como siempre soñó llamarse “JOSEPH” o J como lo llamaremos, así lo conocería el
mundo y la sociedad, así que “Mara” se quedaría enterrada en medio de los tules
y encajes de la máquina de coser de su abuelita, y pasaría a usar camisas con
cortes muy sobrios y pantalones muy clásicos como hasta ahora es su estilo.
Se encontró en esta gran ciudad con gente totalmente diferente
a lo que veía en su pueblito macondiano, con gente que no lo miraba “raro” y
que solo veía en él un potencial para salir adelante y superarse.
En su lugar de estudio Universitario se rodeó de gente que
lo apoyaba, lo aceptaba tal y como era, sin etiquetas y sin normas que esta
sociedad impone, ya sea por moda o más bien por gusto a joder. Llego a tener
una popularidad dentro de su pequeño entorno y todo lo que descubría día a día
le gustaba, salía a bailar, a comer, a divertirse como todo chico de su edad,
le encantaban los museos y todo lo que tuviera que ver con las artes, cosas muy
afines con lo que estudiaba. Su vida transcurría de manera aparentemente
normal, ya que su trabajo temporal se había acabado y decidió abrir paso a otro
trabajo que no le gustaba mucho pero que le tocaba porque como ya dije
anteriormente las cuentas no se pagaban
solas. Un amigo de esos que en esa gran ciudad conoció le ofreció trabajo como
mesero por las noches en un bar de poca monta; donde la prostitución, los
borrachos, el alcohol y las drogas estaban a la orden del día. Él en su afán
por pagar sus cuentas que ya estaban al tope no quedaba más que aceptar el trabajo de su
amigo y dejar sus vestiduras de “niño de casa” si quería seguir con su
independencia y su meta de ser reconocido como lo que era, UN HOMBRE CAPAZ DE
ENFRENTARSE A LA VIDA SOLO POR SUS PROPIOS MEDIOS, que había algo que permanecía dormido dentro
de él pero que trataba de no pensar mucho en eso “una pareja que lo aceptara así
tal cual como era él en realidad”.
Transcurrían sus días entre el campus Universitario donde se llenaba de conocimientos para
enfrentar el mundo que quería alcanzar y su vida en el bar rodeado de todo aquello
que jamás pensó ver como un primer espectador de una película muy anunciada.
En uno de esos días fríos
y nublados de esa gran ciudad conoció
por unos amigos en común a una mujer llamada Karina; una mujer alta, delgada,
con un cuerpo escultural, cabello lacio negro a su cintura, dentadura perfecta y
una sonrisa encantadora, entre otras cosas le gustaba el arte, los museos, la
buena comida al son de una buena música y un buen trago. Empezaron como toda
relación de amistad, saliendo los fines de semana con un grupo cerrado de
amigos. Una noche, solos en la intimidad del apartamento que J tenía en arriendo,
en medio de copas y a oscuras sucedió lo que nunca pensaron ambos, los tragos
hicieron su efecto y ambos se fundieron en un desenfrene total de lujuria,
deseo y pasión desenfrenada; tuvieron sexo salvaje y del bueno. En la mañana
siguiente los rayos de luz penetraban por una pequeña ventana que daba justo a
la cama donde los dos estaban, como adormitados aun ella se levantó, recogió su
vestido y sus cosas que yacían regadas por todo el apartamento como prueba del
desenfrene de la noche anterior. Ninguno de los dos pudo sostenerse la mirada
uno al otro, solo se dijeron en un tono unisonó “nos vemos después”.
Transcurrieron los días siguientes a este encuentro y J siguió con su vida
normal, solo que le rondaba en su cabeza el hecho que su amiga para ese momento
y él habían roto los códigos de amistad que ambos decían tener.
Acordaron una cita donde ambos dijeron lo que pensaban de esa
noche de lujuria y desenfrene y acordaron como él mismo expresa “borrar
casette” ya que eran amigos y ella era casada como para ella llevar el peso de
una relación con una persona FTM, no estaba dentro de sus planes. Ambos tenían
claro que fue solo una noche y que jamás se volvería a repetir este capítulo.
De hecho en la actualidad son amigos aunque jamás volvieron a tocar el tema de
aquella noche.
Lo que vino después en su vida transformaría la idea que
tenía acerca del amor y de que nunca encontraría su alma gemela.
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